La epidemia del coronavirus está causando pánico en todo el planeta, y no es para menos. Los medios informativos se han llenado de imágenes de miles de chinitos con máscaras antigás gritando y gesticulando cosas ininteligibles.

Sin embargo, lo que nadie sabía es que la propagación de esta enfermedad responde a una malévola añagaza del gobierno chino, que a pesar de su proverbial simpatía, es una dictadura.

De hecho sólo una dictadura podría permitirse confinar a una ciudad de 10.000.000 habitantes para que el virus no se extienda. Concretamente Wuhan, una ciudad enorme de la que no teníamos ni idea nadie y que desde ayer los periodistas nombran con total normalidad.

«Todo el mundo ha oído hablar de Milwakee, Denver (Colorado) o Austin(Texas) en Estados Unidos. Pero en China la gente solo sabe de Pekín y Shanghái ¡Se creen que Bruce Lee es una ciudad!. Y este oprobio se tenía que acabar», manifiesta Xao Putong un alto mando del Partido Comunista Chino.

«De esta manera -concluye el mandatario- inventando un desastre en una ciudad, la hacemos conocida, y sólo a cambio de unas pocas decenas de vidas».

Así las cosas, el país oriental tiene planeado expandir cepas de peste bubónica o escorbuto en varias ciudades anónimas, con objeto de que en Occidente la cultura china sea algo más que un rollito de primavera.