Tras decaer el estado de alarma en el país la noche del sábado, hordas de jóvenes tomaron las calles a partir de la medianoche para hacer lo que mejor saben: disfrutar de la vida sin ninguna responsabilidad. La madrugada fue el escenario de fiestas y borracheras en las principales ciudades del país sin que las fuerzas del orden pudieran -o quisieran- hacer nada.

«Llevo meses levantándome a las diez de la mañana; creo que me merezco vivir como los madrileños«, afirmaba un muchacho ebrio de felicidad y ron Negrita.

Mientras tanto, Reinaldo Revilla-Lanuza, el hombre que dijo que de esta pandemia saldríamos mejores, continúa desaparecido por miedo a represalias.