Honorio Bolsón es de carácter hosco, y lleva ocho años sin segar la hierba de su propiedad. Y todo gracias a las posibilidades contractuales que Halloween ofrece.

Todo comenzó en 2013, cuando un grupo de niños disfrazados tétricamente llamaron a su puerta durante la festividad de Halloween «¿Truco o trato?» preguntaron, a lo que Honorio respondió trato.

Tras arduas negociaciones, los niños aceptaron segar las 164 hectáreas de la Hacienda Bolsón a cambio de unos regalices. A día de hoy, esos niños son ya adolescentes y se plantean actualizar el pliego de condiciones.

Por su parte el propietario está muy satisfecho con sus empleados. «Son baratos, eficaces y al final de la jornada parecen zombies. Todos salimos ganando«. La noche más mágica no deja de sorprendernos.