«Queremos vivir a la madrileña, con cervezas y nuestras esvásticas en paz. No es mucho pedir, creo yo», afirma el líder ultraderechista Helmut Orthega-Schmidt mientras quema un contenedor.

El vertiginoso aumento de los contagios por COVID en Austria ha hecho que el canciller Alexander Schallenberg decrete un nuevo confinamiento total desde el 22 de noviembre, lo que ha provocado la reacción de una parte de la población.

Esa parte de la población, que rechaza vacunarse, coincide casi exactamente con grupos de ultraderecha y gente que no acabó la Obligatorische Sekundarsscgubildung, equivalente a la ESO austriaca. Orthega-Schmidt ,portavoz del partido WOX, ha declarado que todo es una plandemien y que estarían conformes con un confinamiento siempre y cuando los encerrados fueran los enfermos de homosexualismo, inmigrantes y modernos , y no necesariamente en ese orden.

El Gobierno austriaco ya ha tomado medidas ante el auge de esta amenaza antisanitaria: aguantarán la respiración un rato como muestra de descontento.