A perro flaco todo son pulgas. Pablo Casado acudió el pasado sábado a una misa en honor al dictador Franco, pero según él, por error. Su gabinete de prensa defiende que el líder de la oposición entró en una iglesia en la que sintió el irreprimible deseo de orar por los obreros del metal, como lleva haciendo desde hace veinte años cada vez que hay un conflicto en la clase obrera. Sin embargo, la misa no era por el sector metalúrgico sino por el descanso eterno del Caudillo, coincidiendo con el aniversario de su muerte. Tampoco las pancartas de la entrada eran las enseñas de USO o CCOO, sino banderas preconstitucionales.

Casado se muestra avergonzado como demócrata y afirma que incluso es sindicalista en la intimidad. El presidente del PP ya ha hecho acto de contricción y promete enmendar su confusión luchando contra aquellos gigantes, que no son tales sino molinos, vuestra merced.