Un niño de siete años sufrió acoso por parte de la comunidad educativa al llevar platos típicos catalanes en vez de lo marcado por su colegio.

Roger Forcadell, hijo de represaliados políticos catalanes, cursaba 2º de Primaria en el CEIP Narciso Yepes (Murcia), hasta que sus compañeros comprobaron que en el recreo, de su tartera salía ora pa amb tumaque, ora calçots.

Los niños son la luz de la vida, pero también pueden ser crueles. Y con crueldad fue como respondieron esos mequetrefes centralistas (y quién sabe si bilduetarras) cuando descubrieron el agravio comparativo de sus tentempies. El colegio lleva a cabo un plan de alimentación saludable que sugiere a las familias que sus hijas e hijos lleven de almuerzo fruta o, en su defecto, paparajotes.

«Ese niño llegó a traer butifarra amb mongetes, y nosotros venga a darle comida sana a nuestros hijos. Aquí somo muy tolerantes, pero si no se quiere integrar que vuelva a África», afirman en el AMPA del colegio.

La Consejería de Educación de la Región de Murcia afirma que la diversidad de sabores de los recreos está asegurada, y que ningún niño debe ser discriminado por gustarle cosas de señor mayor. No obstante recomienda que donde fueres haz lo que vieres.