Así se desprende de los informes facilitados desde la base científica Juan Carlos I, en la región antártica «Blanca Desolación «. Allí trabaja una treintena de personas, incluyendo un ordenanza, a quienes las medidas de confinamiento apenas afectan dado el grado de reclusión que el clima les ofrece.

Afortunadamente el centro de investigación dispone de 80 m² distribuidos en laboratorios, sala de ping-pong y una habitación con dos literas; suficientes para evitar el agobio que estás situaciones generan.

«Con este clima, ya sólo salir a orinar es un tormento», declara José Luis Penguin, director del proyecto. Según su equipo, prácticamente todo el mundo ha sido contagiado de varias modalidades del covid, peste bubónica y ébola, si bien «hay mucho hipocondríaco aquí metido«.

En cualquier caso no se sabrá si tienen algo hasta marzo de 2025, fecha en que el buque Hespérides los traerá de vuelta a España.