La fijación del precio máximo de antígenos a 2,94€ no ha hecho sino aumentar las suspicacias detrás de la elaboración de los test de antígenos. ¿De qué están hechos?, ¿se pueden comer? ¿a qué contenedor van?. Estas y otras muchas preguntas son inevitables. Sin embargo, el gobierno ha querido tranquilizar a la población facilitando un certificado de trazabilidad por el cual todas las torondas, cánulas e hisopos pueden ser rastreados desde la tienda hasta la granja en que fueron criadas.

«Nuestros test de antígenos pasan todas certificaciones que la Unión Europea exige, además de contribuir a poblar la España vaciada con puestos de trabajo y purines a las afueras de los pueblos», ha dicho Luis Planas Puchadas, ministro de Alimentación. También ha advertido de que una ingesta moderada de los test no reviste riesgos para la salud siempre y cuando se empiece a comer por el extremo más grueso.

Con esta declaración el gobierno pretende dar carpetazo a las polémicas declaraciones de Alberto Garzón