DIARIO DE CINE: “El señor de los Anillos”, el filme que aprobaría el obispo de Cartagena

Un señor mayor con sotana llega a un pueblo y convence a unos niños enanos para que se vayan con él. Con la excusa de que hay que deshacerse de bienes materiales, como joyas y anillos, se los lleva a lugares extravagantes en los que descubrirán el lado sórdido de los adultos.

Maravillosa revisión del estupro, con elfos y orcos como telón de fondo. Las seis horas y cuarto del metraje se pasan volando.

CALIFICACIÓN: ☺☺☺☺☺

DIARIO DE CINE: “Ciudadano Kane”, derroche de clase y calidad en los suburbios de Bombay

Considerada la mejor secuela de la historia, Ciudadano Kane (versión india) narra la historia de El Jonathan, un magnate del opio pakistaní que, tras dedicar su vida a hacer obras de caridad (organizando carreras a muerte de motos trucadas y facilitando pegamento para esnifar gratis a los niños), revela un oscuro misterio en su lecho de muerte: tiene un hijo secreto con su prima  ligeramente retrasada, Resobad.

Con estos mimbres el director y guionista toledano exiliado Pancracio Ocaso creó, a partir de un presupuesto similar al de un centro asistencial público, una obra maestra con mayúsculas de la que el propio Orson Welles dijo “no creo que exista nada igual bajo la faz de la tierra”. Ocaso utilizó actores no profesionales y decorados reales de forma que su presupuesto total no excedió de 25.000.000 de rupias (tres mil quinientas pesetas de la época)

La misteriosa desaparición de Ocaso en un viaje del Inmerso a Benidorm añadió el toque de misterio necesario a una cinta que es de obligado visionado para los amantes del sep-timo arte.

CALIFICACIÓN:☺☺☺☺☺

DIARIO DE CINE: “El Robobo de la Jojoya”, calidad y atrevimiento a partes iguales

Jonathan Cimbel es un chapista en paro que se gana la vida prostituyendo a su medio hermana Petra. Un buen día conocen a un jugador de cesta punta millonario que les propone un plan perfecto: robar las joyas de su ex mujer y después suicidarse en grupo para no dejar pistas. Al principio dudan pero el adinerado deportista ofrece pagar para que Petra pueda someterse a una operación quirúrgica que le devolverá la virginidad.  En un sorprendente giro de los acontecimientos Jonathan recupera la movilidad de los músculos faciales que había perdido de pequeño por beber lejía…

Impresionante trabajo de dirección y guión de Enmanuel Melasoba acompañada del trabajo de iluminación de Rafael Ascazo. En su momento fue un desastre de público ya que solo acudieron siete personas de una misma familia a verla pero la crítica la puso por las nubes. Sus tres horas de metraje son de obligado visionado.

CLASIFICACIÓN:☻☻☻☻☺

DIARIO DE CINE: “Grease”, treintañeros haciendo de adolescentes

Algunos actores ya eran padres con hijos de la edad que representaban

Una comedia musical ambientada en los años 50, en la que un grupo de señores, mayores hasta para la Tuna, quieren seducir a otras señoras de su edad enseñando coches y bailes algo afeminados.

Las señoras-chicas actúan como meras comparsas que solo saben fumar y hablar de Hegel. Los profesores del centro son comprensivos e indolentes, pese al perfil tabernario de sus alumnos. A destacar el papel de Olivia Newton-John, que ya en 1977 tiene cara de vieja; y aún así es la más ingenua de la pandi.

La película da un giro inesperado hacia la ciencia ficción, cuando el coche de los protagonistas sale volando al espacio exterior sin que a nadie parezca extrañarle. Queda para la historia del cine la frase de John Belushi: “A Rizzo le han hecho un bombo”.

CALIFICACIÓN:☻☻☻☺☺

DIARIO DE CINE: “2001, una odisea del espacio”, la peor película de Sam Peckimpah

Ni David Niven levanta el filme

Esta obra de arte es presuntuosa, descuidada y apresurada. El ritmo violento y frenético al que nos tiene acostumbrado Peckimpah se deja ver desde los primeros compases del filme, de 276 minutos de duración. Huesos girando girando en el aire y primates chillando son ingredientes a priori muy atractivos para el espectador. Sin embargo, a medida que avanza la historia, se pierde el interés porque no se entiende nada. Los monos ya no salen más. Y no les digo cuando aparece un menhir en medio de la Luna. Si en algún momento la película pretendió ser futurista, el paso de los años no ha perdonado. Mención aparte merece David Niven, quien, por su prestancia y apostura, por sí solo mantiene el interés hasta la secuencia final: una insustancial lucha a muerte entre la computadora IBM y un gorila. Ni el mismísimo Kubrick hubiera hecho tal disparate.