“Pinball”, la asignatura estrella en los institutos cántabros a partir del curso 21/22

Christian pasó de estar suspendido a tener un seis en Inglés gracias al pinball

La Consejería de Educación Deportes y Festejos hará efectiva de manera progresiva y a partir del próximo curso una de sus propuestas más controvertidas: la introducción del “pinball” en los institutos de secundaria. La incorporación de este popular juego no tendrá un enfoque meramente didáctico sino que contará para redondear la nota en ciertas asignaturas y, eventualmente, se espera que tenga entidad y recursos suficientes como para constituirse en una materia más.

Según Joaquím Ascazo, inspector educativo, el juego del pinball reúne muchas características positivas para el alumnado, ya que “ aumenta la agudeza visual, los reflejos y la atención”. Las asignaturas concernidas en esta modalidad de juego en su programación serán Educación Física, Inglés –ya que las instrucciones están en el idioma de Shakespeare- y Matemáticas.

El sistema de redondeo será totalmente objetivo al ser los alumnos/as que consigan más veces extra bonus o extra ball los beneficiados. “La tradicional apatía y seriedad de los centros de secundaria  será cosa del pasado gracias a las máquinas de pinball con sus expresivos colores y sonidos y –a la par- se acercarán a la sociedad haciéndose más humanos”, asegura Ascazo.

La prueba piloto ha sido llevada a cabo en el IES “La Quinta” de Mataporquera y según su equipo directivo ha sido muy esperanzadora. Las siete máquinas instaladas por Consejería han ocupado el vestíbulo del centro generando un ingreso extra y completando el horario de un profesor de Griego.

Un gangoso se hace pasar por profesor de francés durante años en un instituto de secundaria.

Ramiro se encuentra en un impasse vital.

Aciaga mañana en el IES “La Quinta” de Mataporquera (Cantabria) donde el equipo directivo -aún estupefacto- no lograba explicarse cómo Ramiro Sarasola, lampista en paro, había estado impartiendo docencia directa durante casi un lustro. Una disartria congénita le había permitido pasar desapercibido ante todos los miembros de la comunidad educativa sin levantar la más mínima sospecha, llegando incluso a ostentar la jefatura del Departamento de Francés.

Según ha trascendido, Ramiro tuvo muchos problemas de integración desde pequeño, siendo objeto de los otrora populares chistes de gangosos. Tras una temporada en paro comenzó a impartir clases particulares del idioma de Baudelaire sin conocimientos previos. “Mi hija fue durante tres cursos, jamás sospechamos nada, tenía un acento increíble y la niña iba aprobando” indica una sorprendida madre a esta redacción.

Monsieur Ramiro llevó su osadía al límite al adquirir un título universitario falso y presentarse a las oposiciones donde llegó a la defensa de la programación. Según la inspección educativa de la Consejería cántabra “Ramiro era bien considerado en su centro educativo, hacía las guardias siempre, los crêpes el día de la Chandeleur y nunca se quejaba de nada”. Sus compañeros han remitido una petición formal a la Consejería para que se le convalide la experiencia laboral por una licenciatura.

El impostor -en arresto domiciliario- solo ha querido declarar a este medio que “c’est la vie” y que se encuentra “comme ci comme ça” de ánimo.

Asociación de madres y padres de alumnos indignada por la subida de tarifas para aparcar niños en los colegios

La Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de todos los colegios de España ha montado en cólera al conocerse la nueva tarifa por aparcar los niños en los colegios. La medida ha sido tomada unilateralmente por la consejería de Educación de Cantabria, por la cual, cada estancia se encarecerá dos eurocents por niño y minuto.

Así, un caso promedio, por el cual unos padres estacionan a su hijo a las 8:16 y tras madrugadores, horario académico, comedor y clases de jiu-jitsu lo recogen a las 18:06 (porque después de diez horas todavía “me pilla el toro”) supondría un coste de 5,80 €, o lo que es lo mismo, casi seis euros más que antes de la medida.

La presidenta del AMPA, Leticia Richelieu, ha mostrado su más profundo desacuerdo con la medida: “Los padres no podemos asumir el coste de dejar diez horas a nuestros hijos siendo educados en manos de otras personas. Si lo hiciéramos no podríamos tomar un vermut y arrastraríamos con nosotros a la hostelería, mascarilla mediante”.

Asimismo, AMPA reivindica que el coste de los rayonazos hechos en las maniobras de estacionamiento por otros niños lo asuma el parking o en su defecto las maestras de infantil, “que para eso han hecho un cursillo”, arguye Richelieu.